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sábado, 21 de diciembre de 2013

Los diálogos

Cuando reproducimos una conversación entre dos o más personajes, estamos construyendo un diálogo. Pero ¿estamos haciéndolo bien? 
 



I.



Lo primero que debemos comprender es que la finalidad del diálogo es revelar información que no revelaremos de otra forma, de manera que nos conviene verificar:



A) Que no estamos siendo «redundantes» al transmitir mediante las voces de los personajes lo que ya transmitimos mediante la voz del narrador. Es decir: si narramos detalladamente una escena, no tiene sentido que reproduzcamos cómo uno de los participantes de esa escena le cuenta lo ocurrido a otro personaje si no va a aportar nada nuevo respecto de ese hecho. En casos como este, es preferible reducir ese diálogo a un «le contó» y de ahí ir hacia la reacción del otro personaje, que es lo que interesa.



Recuerdo un caso particular de un fanfic en el que el narrador decía que a Fulano le dolía la cabeza, y una línea más adelante, Fulano mismo decía: «Auch, mi cabeza». Es una variante del mismo error.



B) Que verdaderamente tiene sentido introducir un diálogo allí, y que lo que dicen los personajes es de algún modo significativo. Esto lo recalco especialmente por esas conversaciones del estilo «Hola, ¿cómo estás?» y otras conversaciones cotidianas y triviales que pueden ser reemplazadas por narración, o por lo menos bien sintetizadas. (Consideren también que cosas como los saludos de bienvenida suelen darse por sentado aunque no se los narre ni se los reproduzca textualmente).





II.





Otra redundancia muy común en los diálogos tiene que ver con el uso de los adverbios de modo. Creo que es normal querer plasmar en el escrito las cosas tal cual están en su cabeza, y por ello incurrir en este error que consiste en añadir adverbios de modo a todo, sin tener en cuenta que hay casos en los que realmente no es necesario, pues hay frases que «hablan» por sí mismas. Un «vete a la mierda» es un «vete a la mierda», y a menos que sea un «vete a la mierda» expresado con dulzura, no tiene mucho sentido escribir:



—Vete a la mierda —dijo Ana groseramente.



Si hay una forma de decir esa frase sin sonar grosero, en ese caso conviene especificarlo. De lo contrario...



La puntuación y los verbos de habla con matices («chilló» —que implica un tono de voz alto y a menudo histérico—,«susurró» —hablar en voz baja—, «masculló» —hablar entre dientes y de una forma casi incomprensible—, etc.) también ayudan a dotar de emociones a las frases. De esta forma, los adverbios se hacen cada vez más innecesarios.


No es que esté mal usarlos y/o que haya que evitarlos a toda costa. De hecho, muchas veces dan matices que no los da el verbo empleado o la frase por sí sola, o bien, cumplen una función enfática. Lo que está mal es abusar de ellos, y/o usarlos cuando realmente están de más, cosa que —repasando— determina el contexto, el tipo de frase, el verbo de habla utilizado (o la acción: ¿hace falta decir que Juan llora con tristeza?), la puntuación (no es lo mismo «Sal de aquí» que «¡¡¡Sal de aquí!!!»), y hasta la personalidad del personaje: uno que recurre mucho al sarcasmo no necesitará que a sus frases sarcásticas se les añada un «dijo con sarcasmo», porque si el lector sabe que el personaje es así, lo que podría necesitar es, en cambio, que se le aclare cuando el personaje NO está siendo sarcástico (si es que no se nota a primera vista).





III.




Una cosa es emplear verbos de habla con matices, como «murmuró», «exclamó», etc., y otra muy distinta es adornar el diálogo con estas palabras y sus sinónimos más rebuscados como si se tratara de un árbol de Navidad. La clave es la moderación y la pérdida del temor a la palabra «dijo», que es, como los nombres, una de esas palabras a las que no deberían buscárseles eternos reemplazos.



Para que no se vea reiterativo, tenemos que 1) lograr una buena distribución de los verbos con matices, las acciones directas sin verbos de habla y el «dijo»; 2) encontrar la forma de que quede claro quién habla sin que sea necesario añadir: «dijo Fulano». Esto es relativamente fácil cuando la charla es de a dos: basta con aclarar quién comienza y quién responde en un principio, y de ahí hacer una especie de ping pong:



—Blabla —dijo PJ-1.

—¿Blablabla? —respondió PJ-2.

—Blablabla. (Se entiende que volvió a hablar el PJ-1).

PJ-2 hizo tal cosa.

—Blablabla... (Se entiende que habló el PJ-2).



Si la conversación es extensa, el autor debería volver a utilizar el «dijo» (o un verbo con matiz) cada cierto tiempo para recordarle al lector quiénes están hablando, y si son varios en escena, esto es esencial porque es mucho más fácil perderse. La buena definición de los personajes y el contexto pueden ayudar (porque de acuerdo a la situación o a cómo es la personalidad de cada uno, es imposible que PJ-1 acote eso y en ese tono, entonces debe haberlo hecho el PJ-3). 





IV.






Como fue mencionado anteriormente, los diálogos reproducen conversaciones entre los personajes, y a estas alturas debemos estar conscientes de la importancia de que éstos sean verosímiles, para que el lector pueda identificarse con ellos, sentir que son personas reales como él o ella y que lo que les ocurra le «llegue» de alguna manera. Es por eso que no podemos permitir que hablen como robots, que expliquen las cosas como una enciclopedia o que no haya diferencia entre sus voces y la del narrador.



Hay que observar cómo hablan las personas en la realidad, y encontrar un punto medio entre ello y la literatura. Porque tampoco es recomendable reproducir tal cual las conversaciones cotidianas: éstas necesitan una «pulida» que las «ordene» y les quite las imperfecciones que puedan dificultar la comprensión. Pero tampoco deben ser frases «perfectas» como en el resto de la narración, porque nadie habla perfectamente y el diálogo debe conservar la naturalidad, para lo cual también es útil evitar las palabras «literarias» y poco comunes (en la vida cotidiana, «triste» es más común que «mohíno», y aunque uno sea muy culto, no dirá la palabra «mohíno» sólo porque sí).



También hay que tener en cuenta cómo habla cada personaje de acuerdo a a su personalidad, a su nacionalidad y a su nivel socioeconómico y profesión (un médico italiano que vive en México hace dos años no hablará de la misma manera que un ladrón venezolano, y un personaje cerrado tardará más en tener una conversación profunda con otro. Lee esta entrada). 




V.




Los diálogos no constituyen el mejor espacio para brindar otra información que no sea: 1) lo que dicen los personajes; 2) las acciones que llevan a cabo mientras hablan; 3) si amerita, breves descripciones de sentimientos (o pensamientos).
 


Hay que evitar esto:



—Hagas lo que hagas —dijo PJ-1, a quien le pasaba tal y tal cosa porque tuvo una infancia difícil, y desde entonces este autor le tira una lluvia de información al lector y retrasa la finalización del discurso del PJ-1, quien para estas alturas también está cansado de esperar para poder, por fin, terminar de hablar—, no podrás conmigo.



—Piensa lo que quieras —contestó PJ-2, con una mirada que el autor terminará de describir una parrafada después; luego, nos contará todo lo que olvidó mencionar antes sobre PJ-2 y su relación con PJ-1, y finalmente PJ-1 responderá otra vez.




El ejemplo raya en lo hiperbólico, pero un buen diálogo, como una buena narración, ha de tener ritmo. El exceso de datos en los incisos lo aniquila. Provoca una distracción que ni siquiera es fructuosa, porque el lector estará apurado por terminar de leer el inciso para ver cómo continúa esa charla y prestará una atención mínima a esa información mal ubicada. Recuerden que los incisos funcionan de una forma similar a los paréntesis, y ya hemos visto que los paréntesis sirven para brindar información ADICIONAL, de manera que utilizarlos para encerrar información relevante puede producir que ésta se interprete como una información extra y de menor importancia. Con el guion de diálogo sucede lo mismo.





VI. 
 


Finalmente, recomendamos repasar el uso del guión de diálogo.








3 comentarios :

¿Cómo puedo marcar o puntualizar el idioma extranjero? Comúnmente se usa llaves o corchetes, se cambia de color la oración o, en uno o dos casos vi que se usa la cursiva (en esas los pensamientos se dicen, no se marcan). Pero ¿cómo puedo hacerlo de forma 'correcta' o 'adecuada'?

Hola, anónimo
Las palabras extranjeras van en cursiva independiente de si van en medio del párrafo o son un diálogo :)

http://www.rae.es/diccionario-panhispanico-de-dudas/que-contiene/tratamiento-de-los-extranjerismos

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