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martes, 25 de junio de 2013

Hablando con el texto: las siete preguntas que debes hacerle

Buenas, hoy vengo a hablarles de algo básico que todo escritor debe tener en cuenta a la hora de escribir o publicar un relato.

Muchas veces  escribimos «por instinto»: plasmamos en el papel (físico o virtual) todas las ideas que se nos vienen a la cabeza, le pegamos una leída, creemos que se corresponde con lo que pensábamos decir y enviamos nuestra creación al mundo. Esta escritura «acelerada» nos puede poner en un pequeño dilema: los textos no dicen más que lo que los escritores le dicen que diga, por lo que muchas veces sucede que el escrito queda con ciertos huecos que no vemos, así como un padre no ve defectos en sus hijos.

Creemos que todo tiene un «sentido lógico» y no nos cabe en la cabeza la idea de que alguien no entienda algo que para nosotros es «tan obvio».

En esos casos en que no estés seguro de si tu texto se puede explicar a sí mismo sin que tengas que aclarar qué está pasando, te propongo que entables una conversación con él y le preguntes lo siguiente:

¿Qué pasó?

Siempre ten en claro lo que quieras que tus lectores sepan. Los sucesos de tu historia deben estar acomodados en un orden previsto, no puedes tirarlos al aire y contar todo «como se te ocurra». Imagínate que si ni el escritor sabe qué está pasando, mucho menos lo entenderá el lector.

¿Cuándo pasó?

Esta pregunta no exige ser contestada con un «La historia transcurre un 20 de mayo de 1813, a las 4 p.m.». Cuando escribimos un relato podemos hacerlo sin explicar exactamente qué día o año es, porque hay ciertas características de la historia que ya nos lo indican.

Por ejemplo, si yo dijera «El soldado entró a la Casa Blanca, miró al presidente Abraham Lincoln e hizo una reverencia» entenderíamos que la historia se ubica más o menos en el periodo en que Lincoln fue presidente (entre 1861 y 1865), sin que tenga que decirlo explícitamente.

Hay que tener en cuenta que la temporalidad que le demos a la historia condicionará el resto de nuestros datos, ya que no puedo decir «Lincoln se sentó en su sofá y prendió su televisor plasma de 20’», esa tecnología no existía en esa época.

¿Dónde pasó?

Así como el tiempo, el lugar no necesita ser completamente explícito. Puede ser «En una ciudad de Alemania» o «En un reino muy, muy lejano». Siempre habrán pistas que den una idea de lugar, como los nombres y apellidos (no provienen del mismo lugar los Pérez que los Kacerovsky), vestimenta (si tenemos que un grupo de mujeres se prueba kimonos antes de asistir a una ceremonia del té, nos podemos imaginar alguna parte de Asia), costumbres, dialectos, etc.

¿A quién le pasó?

Es fundamental saber en quién está el foco de nuestra historia. Podemos tratar con varios personajes, pero debemos tener marcado siempre en quién nos estamos enfocando.

No vale la pena leer treinta hojas creyendo que vemos a María declarándosele al chico de sus sueños cuando, en verdad, quien lo hacía era Juan.

Cuando nos preguntamos por el quién no hace falta que el texto responda absolutamente todos los datos sobre ese personaje. Si no es relevante, está bien no conocer qué marca de sal fina prefiere nuestro protagonista para salar sus fideos. Vamos, si a veces no nos conocemos a nosotros mismos, no hay que pretender saber absolutamente todo de un personaje.

¿Cómo pasó?

¿Cómo llegó el protagonista al estado en que se encuentra? Al ladrón no lo descubrieron en la bóveda del banco así como así, algo tuvo que haber pasado, un error suyo, la astucia del detective.  

Todo cambio se da mediante un proceso, una serie de pasos que plantean un nuevo orden de lo viejo. De no estar enamorado a estarlo, hay un proceso; de ser un ciudadano respetuoso de la ley a matar al presidente, hay otro proceso; y así.

Es muy importante estar consciente de los procesos que llevan a un personaje o a una situación a desarrollarse de una u otra forma, eso nos puede prevenir de caer en agujeros o contradicciones más adelante.

¿Por qué pasó?

Es muy importante dejar los motivos de los personajes y la naturaleza de los acontecimientos claros. No se vale el «porque sí» como respuesta. Siempre hay un porqué detrás de cada acción, de cada sentimiento.

Si, cuando empieza el apocalipsis zombie, tu protagonista mata sin asco todo lo que ve, sea humano o infectado, algo le habrá pasado en algún momento de su vida que lo convirtió en un ser tan frío y desalmado.

 Todo tiene una lógica que vamos construyendo con el correr de nuestra historia, ya sea que pase en este mundo o en uno de tu imaginación. Este mantenimiento de un esquema lógico ha sido abordado con mayor profundidad en la entrada de Lasuspensión de la incredulidad de Izraill.

¿Para qué pasó?

¿De qué le sirvió al protagonista hacer lo que hizo? Aquí se aplica el principio de causa y efecto (no, no el tema de Paulina Rubio), «Toda causa tiene su efecto, todo efecto tiene su causa»; que, en criollo, sería que toda acción repercute en otro aspecto.

Si tu protagonista perdió a su hija en un trágico accidente de trenes, eso podría hacerlo cambiar drásticamente en su modo de percibir las cosas. A partir de ahí podría volcarse a la religión, podría convertirse en un ser resentido con la sociedad, dedicarse a hacer obras de beneficencia a favor de las víctimas de accidentes de trenes, o convertirse en un súper villano que lucha contra la empresa de ferrocarriles.

Pero sería ilógico decir que al otro día del accidente el hombre está de lo más bien, ya se ha olvidado de que tuvo una hija alguna vez, sigue con su vida y nunca más se vuelve a hablar del tema. Eso suena a que el escritor ya no sabía cómo manejar al personaje y simplemente lo mató para que no lo molestase.

Cada acción que realicen tus personajes va a causar un cambio en ellos, un crecimiento. Si tus personajes no cambiaron para nada luego de setenta capítulos, deberías replantearte si estás tratando con personas o con máquinas (y hasta las máquinas se actualizan).


Todos estos aspectos son cosas a tener en cuenta si queremos que nuestro texto sea entendible y que nuestras ideas lleguen al público como nosotros las concebimos. No temas hablar con el relato, no muerde, ni te considerarán loco por hacerlo (a menos que salgas a la calle con el texto en la mano y comiences a preguntarle a los gritos, yo no me hago responsable de eso).

Les deseo una buena escritura y una charla productiva.

Me despido cordialmente.



2 comentarios :

Buenas,resulta que estoy escribiendo un libro y me gustaría saber la opinión de las personas y si pueden darme algún consejo,te pasas? Gracias!

http://3corazones1destino.blogspot.com.es/

Hola.
En nuestro grupo de Facebook podemos darme una mano: https://www.facebook.com/groups/Tallerparaescritoresdefanfic/

Nos vemos.

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