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viernes, 18 de enero de 2013

Errores comunes VI: Exceso de adjetivos.



Una frase puede volverse difícil de leer por distintos motivos: es demasiado extensa (habitualmente, por exceso de comas), emplea muchas palabras inusuales (o en desuso), o, lo que nos interesa en esta entrada: rebosa de adjetivos.
Decimos que estos adjetivos son innecesarios porque, justamente, vuelven la frase demasiado densa. En vez de enriquecer la lectura, la entorpecen. Un adjetivo «necesario» no tendría dicho efecto sobre nuestro escrito.


Pero ¿cómo sabemos cuándo un adjetivo está de más? He aquí la lista de los mejores candidatos a «adjetivos sobrantes»:


1) Adjetivos que afectan la «sonoridad», la armonía de la oración. Generalmente, destacan más de la cuenta o no se leen con la suficiente naturalidad. Son los más fáciles de reconocer cuando releemos lo escrito (sobre todo si se hace en voz alta), porque simplemente «no suenan bien». A veces, sirve más «moverlos» de sitio que descartarlos.
Hay que tener especial cuidado con los adjetivos antepuestos («furioso hombre» en vez de «hombre furioso»). Como dan otro efecto expresivo, debemos ver bien dónde los ubicamos para que su utilización no sea contraproducente, es decir, para que su efecto especial sea siempre positivo.


2) Adjetivos que se dan por sentado por el contexto. Si la acción se desarrolla en una casa que describimos como una mansión de lujo, existe un punto en que no es necesario hablar de pisos relucientes (sobre todo si no es en la descripción misma), porque con la idea de 'mansión', el lector no coloca mentalmente pisos sucios, paredes mohosas o habitaciones pequeñas. Si fuera relevante que los pisos de nuestra mansión estuviesen sucios, el sustantivo 'piso' debería estar entonces acompañado por el adjetivo 'sucio'. En este caso, el adjetivo 'sucio' es absolutamente necesario, sobre todo si este detalle del ambiente tiene relación directa con la trama (¿por qué los pisos de tal mansión están inusualmente sucios?)


3) Adjetivos que son sinónimos de otro adjetivo empleado previamente para describir el mismo objeto o sujeto. Ej: «Juan está enojado e irritado».
No importa la posible diferencia entre 'enojo' e 'irritación'; el concepto es tan cercano que se ve como una redundancia. Lo mismo ocurre con palabras como 'monótono' y 'aburrido'. 'Aburrido' no es precisamente un sinónimo de 'monótono', pero la monotonía normalmente implica aburrimiento, por lo que la inclusión de ambos adjetivos en simultáneo es rebatible.
En estos casos, es sumamente útil conocer y, fundamentalmente, entender las definiciones de cada adjetivo. Así, podemos notar cuándo un adjetivo lleva «implícito» lo mismo que el otro que estamos utilizando. 


 No debemos olvidar que no todo sustantivo precisa de un adjetivo (véase el punto 2). De hecho, los textos suelen saturarse cuando, más allá de una cuestión de sonoridad, cada sustantivo viene acompañado de un adjetivo. Este problema nace de la intención del autor de hacer que sus imágenes mentales lleguen a los lectores tal cual él las tiene en su cabeza. No está mal esta postura: es posible trasladar a la hoja una imagen con la «claridad» deseada sin que sea tedioso para el lector, pero se requiere cierta habilidad.
 
Hay también quienes optan por estilos bastante «carentes» de adjetivos, porque prefieren dejar más cosas a la imaginación del lector. 
En este sentido, no existe un «camino correcto». Aunque existen formas desfavorables de usar los adjetivos, como vimos en esta entrada, las formas más beneficiosas las descubrirá individualmente cada autor en la conformación de su estilo.






1 comentarios :

¡Hola! Gracias por los consejos.
Me agradó leerte, más porque los adjetivos son lo que me hace sufrir al momento de escribir (Especialmente por lo que mencionas al final).

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