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Sección de ortografía

¿Problemas al usar el punto, comas o signos de exclamación? En la sección podrás encontrar las reglas ortográficas explicadas de forma sencilla.

Sección de narrativa

¿Problemas con los tiempos verbales o creación de personajes? En la sección encontrarás información sobre ello y otras entradas de temas interesantes.

Sección de entrevistas

Sección que tiene como objetivo realizar entrevista a escritores que cautivaron a su publico con historias interesantes.

«Entre el papel y la pluma»

Nueva sección que tiene como objetivo que autorescon años en el «mundillo» cuentes sus experiencias de ciertos temas, por ejemplo: la investigación, creación de songfic y etc.

Sección FAQ

¿Problemas en la aplicación de términos nipones? ¿No sabes cómo colocar un recuerdo sin usar la palabra flash black? Aquí podrás encontrar la respuesta.

lunes, 11 de agosto de 2014

El título

Sólo una oración, y a la vez no.


El título de una historia es más importante de lo que parece. Es parte de ella, un elemento indispensable para que ésta quede verdaderamente acabada. No es casualidad que no esté permitido subir una obra sin título en las webs de publicación. El título es una vía fundamental por la que se identificará una historia, por la que se diferenciará de otras en este mundo donde todo está ya inventado. Además, un buen título puede redondear la idea de una historia. Muchas historias no serían lo que son sin su título: piensen en las grandes obras de la literatura.

El título también es parte de la «carta de presentación» de una historia, junto con el resumen. Algo que puede atraer o espantar a un lector, o por lo menos contribuir a ello. En el fanfiction, tenemos la «suerte» de que los resúmenes nos pueden «respaldar» si los títulos no son lo suficientemente llamativos, pero no es razón para darles menos importancia, porque en muchos casos, es lo primero que el lector mira.

Cuando les preguntamos a los miembros de nuestro grupo de Facebook qué les desagradaba ver en los títulos, las respuestas fueron:

  • Que tengan faltas de ortografía.
  • Que contengan vulgaridades sin razón aparente.
  • Que no tengan nada que ver con la historia.
  • Que estén en otro idioma, con palabras mal escritas o mal traducidas. Que combinen idiomas, o que los idiomas utilizados sean demasiado inusuales (en especial, aquellos que no se leen con nuestro alfabeto, como árabe o coreano).
  • Que combinen minúsculas y mayúsculas, entre otras cosas para llamar la atención (como los símbolos, para «adornar»).
  • Que sean cursis o «clichés»: Te amo, Te deseo, Te voy a extrañar, Entre tú y yo/Tú y yo, Primer amor, Amor eterno, Amor a primera vista, Dulce vida, Unidos hasta el final, Eres todo para mí, No me dejes/olvides, Mi hermoso/seductor/sexy + neko/príncipe/etc.


    NOTA: Estos ejemplos han sido extraídos también del grupo, inventados en el momento por los autores de los comentarios, con el fin de mostrar qué clase de títulos los lectores consideran cursis o clichés, para que podamos evitarlos. No provienen de fanfics ni de fanfickers específicos. 


Los títulos no deben dar información demasiado relevante para la historia. Hay títulos que cuentan mucho, que son casi como un spoiler porque dan una idea bastante concreta de lo que es la historia, como varios de los que vemos aquí arriba. ¿Cuántos prometen una historia de amor diferente, a simple vista?

El problema de los títulos clichés es que no destacan la individualidad de la historia. La presentan como algo que hemos visto o leído antes, como algo predecible.


Pero entonces, ¿cómo bautizo a mi historia?


El título no tiene que «contar» la historia, sino sólo dar un leve indicio de lo que tratará, cuya explicación completa estará, explícita o implícitamente, dentro de la historia.

A veces, los títulos pueden ser directamente extraídos del texto en sí (como No son tu marido, de Raymond Carver, que es una frase que dice el personaje principal dentro del cuento). También contamos con fórmulas clásicas como sustantivo + adjetivo (El gato negro, Objetos frágiles), o sustantivo + preposición + sustantivo (Los juegos del hambre, Entrevista con el vampiro), sustantivo + conjunción + sustantivo (El viejo y el mar), o simplemente, artículo + sustantivo (La metamorfosis).

Ahora bien: las palabras elegidas para ocupar cada puesto tienen que ser significativas. Si recurrimos a la última fórmula, por ejemplo, pero utilizamos la palabra «perro», dando como resultado el título El perro, probablemente sea llamativo para pocos.

Lo mismo cuando se utiliza una sola palabra. Perro como título no sugiere mucho por sí mismo, pero sí lo hace Juntacadáveres (Juan Carlos Onetti), o Demian (Hermann Hesse). Por ejemplo, este último nos podría dar ganas de saber quién es el tal Demian. Pero si fuera Juan en vez de Demian, tal vez no sería igualmente atractivo, porque Juan es un nombre común, que no parece implicar, a simple vista, ningún misterio, novedad o excentricidad.

Los títulos tienen que ser provocadores, porque tienen que despertar la curiosidad del lector, hacerlo querer saber de qué trata exactamente la historia que tiene delante. En ese sentido, los títulos tienen que producir más preguntas que respuestas, pues en el deseo de obtener las respuestas a esas preguntas encontrará el lector su motivación para leer.

Para ello, no siempre deben acatar las fórmulas anteriormente descritas. De hecho, hay buenos títulos que no lo hacen, o emplean, en cambio, otras «versiones» de esas fórmulas (La insoportable levedad del ser, por ejemplo, añade un adjetivo a la segunda fórmula presentada). Otros, simplemente crean la intriga con frases que desafían a la lógica (El color que cayó del cielo), o que sugieren imágenes impactantes (El rastro de tu sangre en la nieve, o el anteriormente mencionado Juntacadáveres), o que contrastan con creencias comunes (El vencedor está solo), etc.


¿Qué es lo que nos atrae de los títulos que nos atraen?


Esta es la pregunta clave: ¿por qué nos gustan los títulos que nos gustan? Mira en los estantes de los libros o hasta de las películas. ¿Hacia cuáles te inclinas? ¿Por qué?

Podemos seguir las estrategias de dichos títulos (siempre procurando que nuestro título no sea lo suficientemente similar como para recordar a otro), para armar listas con nuestras propias ideas e ir descartando.


En este proceso, recomendamos:


  • Ser tan original como sea posible. Tal vez te convenga descartar aquellos títulos que sean parecidos (o iguales) a otros, a menos que realmente sean la opción más apropiada.
  • Buscar dentro del texto, o releerlo para recordar la esencia de la historia. El título puede aparecer por ahí.
  • Los títulos con gerundios en español suelen sonar mal y no ser lo suficientemente intrigantes, porque a menudo «resumen» la historia (¿de qué creen que puede tratar una historia llamada Amando a X, o Creciendo con Y?).
  • Si escribes en español, deberían tener prioridad los títulos en español. Existe la creencia de que los títulos en otros idiomas suenan mejor, pero esto no siempre es así. Y hemos llegado al extremo de que podemos pasar páginas y páginas de fics publicados donde ningún título está en español, pese a que muchas veces se utilizan frases completamente traducibles. Es cierto que muchos títulos en inglés no suenan tan bien al ser traducidos al español, pero es, justamente, porque fueron pensados en inglés. No por nada los traductores suelen «adaptar» los títulos.
  • Titular una obra literaria no es lo mismo que titular un texto académico. Tampoco el título de un cuento de terror debería parecer el de un libro de autoayuda. Si vas a necesitar ejemplos, puede convenir que éstos provengan de material del mismo género.


      



martes, 18 de febrero de 2014

FAQ: Cómo salir de un bloqueo


Cómo salir de un bloqueo


A todos los escritores nos pasa en algún momento que nos quedamos «trabados». Estamos escribiendo bien, y de repente no sabemos cómo continuar con nuestra historia, no podemos escribir una palabra más. A veces, esto no implica nada más que el cierre de una sesión de escritura: es un bloqueo pequeño, probablemente producto del cansancio mental, del que nos recuperaremos con una noche de sueño o un rato de ocio (las actividades mentales, como el estudio y la escritura misma, suelen ocasionar este mal); simplemente, enfrentando el escrito en otro momento lo superamos, aunque en el momento nos frustremos.

Otras veces, el problema no tiene tan fácil solución, porque no tiene tanto que ver con nosotros, nuestro estrés o nuestros problemas personales o emocionales (que también pueden influir), sino más bien con la historia. Por eso, la primera recomendación ante un bloqueo es tratar de identificar qué tipo de bloqueo tenemos. ¿No podemos escribir nada de nada? ¿O nos cuesta escribir sólo ese fic? Muchas veces, no sabemos cómo continuar porque no sabemos exactamente qué debería pasar. Esto es un problema de planeamiento; suele ocurrir cuando escribimos a ciegas, con ideas vagas o escenas sueltas, tal vez conociendo qué sucesos vamos a desarrollar, pero sólo superficialmente. 
 

«OK, este es mi problema, reconozco que mis ideas no son sólidas. ¿Cómo lo soluciono?».

Solidificándolas, pues. Antes de llevar las ideas al papel, siempre es bueno esquematizarlas, en especial, indicando relaciones causa-efecto. No te preocupes si no lo has hecho: nunca es tarde para trazar las líneas que antes pasaste por alto, aunque eso implica idear las posibles formas de continuar la historia para orientarla más o menos hacia lo que deseamos que ocurra. No es necesario rebanarse los sesos, porque raramente hallaremos la salida en tiempo récord como queremos, y darle vueltas al asunto día y noche tampoco es del todo productivo, porque son altas las probabilidades de que nos hartemos y en verdad hay que tomarlo con calma. Es cierto que a veces las soluciones parecen caer del cielo mientras hacemos otras cosas totalmente distintas, pero precisamente eso suele pasar porque estamos haciendo otras cosas y no presionándonos todo el tiempo para sacar esa idea a la luz.


«Pero no se me ocurre nada...». 
 

Puedes estimular tu creatividad viendo otras historias a través de películas, series o libros, o incluso escribiendo otras cosas: no necesariamente otras historias, no necesariamente literatura. (Yo escribo para este blog. Ya decía Bukowski que escribir sobre el bloqueo del escritor es mejor que no escribir nada).

No solemos recomendar pedir ideas a los demás, pero si uno sabe cómo tomar con pinzas las palabras de otros, puede venir bien, por lo menos para hablar del asunto. No tiene que ser con un ser humano: cuéntale a tu perro o a una zanahoria lo que quieres escribir; en medio de tu «desahogo» puede aparecer la solución.

Volver al principio también es bueno: relee tu historia, desde la primera palabra si es necesario. Para cuando alcances la última línea escrita, deberías recordar por qué te entusiasmó escribir esto y deberías estar metido/a nuevamente en la historia, y de allí deberías poder continuar. Si no puedes, repasa mentalmente lo que acabas de leer: ¿va todo por la línea de tus deseos? Comprueba que no te has desviado de tu meta o de tu idea inicial, esa que realmente te motivó a escribir. Y si es así, reorienta la historia tras ubicar el momento en que empezaste a «desvariar». Busca la frase o el párrafo donde empezaste a trabarte, apártarlos presionando Enter hasta que desaparezcan de tu vista, y trata de retomar la historia desde allí. Si no funciona, vuelve a poner esa frase o ese párrafo donde estaba (a menos que estés satisfecho con la nueva versión). Tal vez el problema esté en otra parte (en otro párrafo, o...).


«La idea está ahí, pero no sé cómo desarrollarla». 
 

Ensaya posibles frases y párrafos. Tarde o temprano, escribirás uno que te parezca adecuado y querrás continuar a partir de ahí, y terminarás desenvolviendo la historia como un ovillo de lana. Recuerda que siempre puedes escribir otras versiones si no estás conforme con los resultados, y que la inspiración siempre debe atraparte mientras escribes. Pero si ni siquiera lo intentas...

No olvides que leer nunca está de más, pues otros escritores pueden plasmar ideas de formas que a ti no se te habían ocurrido, o que pueden funcionar como «disparadores» para que crees tu propio método.


«No, yo simplemente estoy bloqueadx. La idea está ahí y sé cómo plasmarla, pero me la paso procrastinando».


No estás bloqueado/a; lo que tienes es miedo, y el bloqueo es la excusa para no escribir. Eres perfeccionista y temes no poder escribir esa historia con esa perfección que buscas, o eres inseguro/a de tu capacidad y crees que saldrá horrible. Si no procrastinas porque tu cerebro precisa un descanso (ve el primer párrafo de esta entrada), lo haces porque tienes miedo de tu historia, de enfrentar el desafío que implica el papel o el archivo en blanco. Recuerda, primero, que la perfección no existe. Asúmelo y ponte a escribir, porque peor que escribir feo es no escribir nada en absoluto: podemos embellecer un escrito con práctica y ediciones, pero no podemos hacer nada sobre un escrito fantasma. Acepta que escribir es difícil y, muchas veces, frustrante: no entres en pánico por ello. Tampoco intentes estar al nivel de nadie. Y si realmente no quieres abandonar tus historias, simplemente ve a escribirlas. Y si no puedes... relee esta entrada.










Cuando se les preguntó sobre los métodos que cada uno utilizaba para salir del bloqueo, lxs autorxs de nuestro grupo de Facebook recomendaron:



Inventar historias mentalmente hasta que den ganas de escribir.

Escuchar música.

Reflexionar acerca de personas y situaciones reales.

Leer.

Salir a caminar.

Buscar imágenes relacionadas a lo que escribes.

domingo, 9 de febrero de 2014

Errores comunes IX: Frases eternas


En esta entrada trataremos un problema común que dificulta la lectura de los fanfics en donde aparece, se trata de las «frases eternas», éstas bien pueden aparecer cuando el autor escribe con el entusiasmo del momento y no sabe u olvida colocar signos de puntuación (y no se toma el tiempo de hacerlo luego, a la hora de revisar y corregir el escrito), o más comúnmente, cuando el único signo de puntuación que se le viene a la mente es la coma, no parece recordar la existencia del punto y coma o, más importante aún, del punto y seguido, como en este párrafo que acabo de escribir, que habrán notado que puede ser estresante de leer (en especial si tienen que hacerlo en voz alta).

Como se ha dicho en la entrada sobre el punto en la sección de Ortografía y Puntuación (y es regla básica de puntuación), las oraciones cierran definitivamente con un punto. El punto no existe para cerrar los párrafos, sino para cerrar las frases (el punto de la última frase del párrafo es el que cierra el párrafo). Si los puntos no aparecen, las frases continúan indefinidamente, complicando el ritmo de lectura y cansando al lector, como se demostró en el párrafo anterior. Y es que los párrafos no deberían estar constituidos por una sola frase extensa (con un claro problema de abuso de comas), sino por varias (salvo que sólo una única frase se le quiera dedicar al tema). Y, para diferenciarlas, tenemos que utilizar el punto.

Veamos otros ejemplos a fin de comprender mejor este error.


Ej. 1


«Estuve sentada mirando las estrellas por largo rato mientras un grupo de adolescentes charlaba animadamente a escasos metros de mí sobre una chica nueva que había llegado a la escuela y que era muy extraña eso fue lo único que alcancé a escuchar antes de perderme en la inmensidad del oscuro cielo».

Si escribiéramos así, probablemente el lector tendría que releer esta frase/párrafo para entender bien la idea (si es que alcanza a leer todo de corrido, sin sentir que se «ahoga» a mitad de camino).


Ej. 2

«Estuve sentada mirando las estrellas, por largo rato, mientras un grupo de adolescentes charlaba animadamente, a escasos metros de mí, sobre una chica nueva que había llegado a la escuela, y que era muy extraña, eso fue lo único que alcancé a escuchar, antes de perderme en la inmensidad del oscuro cielo».


Aquí, las comas están por doquier y por las razones incorrectas, ya que en muchas partes del párrafo no son necesarias. Sí, ahora la frase/párrafo tiene pausas, pero demasiadas.


Ej. 3


«Estuve sentada mirando las estrellas por largo rato, mientras un grupo de adolescentes charlaba animadamente, a escasos metros de mí, sobre una chica nueva que había llegado a la escuela y que era muy extraña, eso fue lo único que alcancé a escuchar antes de perderme en la inmensidad del oscuro cielo».


Esta frase/párrafo tiene las comas, dentro de todo, bien ubicadas. Pero la falta de otros signos de puntuación marcando las pausas correctas hace que la lectura no sea amena todavía.


Ej. 4

«Estuve sentada mirando las estrellas por largo rato, mientras un grupo de adolescentes charlaba animadamente —a escasos metros de mí— sobre una chica nueva que había llegado a la escuela y que era muy extraña. Eso fue lo único que alcancé a escuchar antes de perderme en la inmensidad del oscuro cielo».


Este es más fácil de leer, ¿verdad?






Como ven, tanto la falta de comas como el abuso de las mismas (ya sea por no acordarse del punto o por ponerlas hasta en donde no van), enaltecen la sensación de que las frases son interminables y, por supuesto, extenuantes.

Los signos de puntuación son fundamentales para dotar a un escrito de fluidez y óptimo entendimiento. Marcan las pausas e inflexiones en la voz que efectuamos en la lengua oral, ordenan ideas, evitan frases ambiguas y estructuran los textos, por eso es importante aprender a utilizarlos adecuadamente. Para eso, recomendamos leer los usos de cada uno en la sección de Ortografía y Puntuación para que vean la teoría, y leer libros (son más confiables que los fanfics, pues han pasado por un proceso de edición hecho por profesionales) para que vean la aplicación.

Además:

• Si has escrito una línea entera sin utilizar signos de puntuación, cuidado, porque es altamente probable que estés omitiendo comas o puntos.
• Si has escrito dos líneas enteras utilizando únicamente comas, probablemente estés pasando por alto los puntos. Verifica.
•  Leer en voz alta tu escrito es una buena forma de detectar problemas de puntuación. 







&



sábado, 21 de diciembre de 2013

Los diálogos

Cuando reproducimos una conversación entre dos o más personajes, estamos construyendo un diálogo. Pero ¿estamos haciéndolo bien? 
 



I.



Lo primero que debemos comprender es que la finalidad del diálogo es revelar información que no revelaremos de otra forma, de manera que nos conviene verificar:



A) Que no estamos siendo «redundantes» al transmitir mediante las voces de los personajes lo que ya transmitimos mediante la voz del narrador. Es decir: si narramos detalladamente una escena, no tiene sentido que reproduzcamos cómo uno de los participantes de esa escena le cuenta lo ocurrido a otro personaje si no va a aportar nada nuevo respecto de ese hecho. En casos como este, es preferible reducir ese diálogo a un «le contó» y de ahí ir hacia la reacción del otro personaje, que es lo que interesa.



Recuerdo un caso particular de un fanfic en el que el narrador decía que a Fulano le dolía la cabeza, y una línea más adelante, Fulano mismo decía: «Auch, mi cabeza». Es una variante del mismo error.



B) Que verdaderamente tiene sentido introducir un diálogo allí, y que lo que dicen los personajes es de algún modo significativo. Esto lo recalco especialmente por esas conversaciones del estilo «Hola, ¿cómo estás?» y otras conversaciones cotidianas y triviales que pueden ser reemplazadas por narración, o por lo menos bien sintetizadas. (Consideren también que cosas como los saludos de bienvenida suelen darse por sentado aunque no se los narre ni se los reproduzca textualmente).





II.





Otra redundancia muy común en los diálogos tiene que ver con el uso de los adverbios de modo. Creo que es normal querer plasmar en el escrito las cosas tal cual están en su cabeza, y por ello incurrir en este error que consiste en añadir adverbios de modo a todo, sin tener en cuenta que hay casos en los que realmente no es necesario, pues hay frases que «hablan» por sí mismas. Un «vete a la mierda» es un «vete a la mierda», y a menos que sea un «vete a la mierda» expresado con dulzura, no tiene mucho sentido escribir:



—Vete a la mierda —dijo Ana groseramente.



Si hay una forma de decir esa frase sin sonar grosero, en ese caso conviene especificarlo. De lo contrario...



La puntuación y los verbos de habla con matices («chilló» —que implica un tono de voz alto y a menudo histérico—,«susurró» —hablar en voz baja—, «masculló» —hablar entre dientes y de una forma casi incomprensible—, etc.) también ayudan a dotar de emociones a las frases. De esta forma, los adverbios se hacen cada vez más innecesarios.


No es que esté mal usarlos y/o que haya que evitarlos a toda costa. De hecho, muchas veces dan matices que no los da el verbo empleado o la frase por sí sola, o bien, cumplen una función enfática. Lo que está mal es abusar de ellos, y/o usarlos cuando realmente están de más, cosa que —repasando— determina el contexto, el tipo de frase, el verbo de habla utilizado (o la acción: ¿hace falta decir que Juan llora con tristeza?), la puntuación (no es lo mismo «Sal de aquí» que «¡¡¡Sal de aquí!!!»), y hasta la personalidad del personaje: uno que recurre mucho al sarcasmo no necesitará que a sus frases sarcásticas se les añada un «dijo con sarcasmo», porque si el lector sabe que el personaje es así, lo que podría necesitar es, en cambio, que se le aclare cuando el personaje NO está siendo sarcástico (si es que no se nota a primera vista).





III.




Una cosa es emplear verbos de habla con matices, como «murmuró», «exclamó», etc., y otra muy distinta es adornar el diálogo con estas palabras y sus sinónimos más rebuscados como si se tratara de un árbol de Navidad. La clave es la moderación y la pérdida del temor a la palabra «dijo», que es, como los nombres, una de esas palabras a las que no deberían buscárseles eternos reemplazos.



Para que no se vea reiterativo, tenemos que 1) lograr una buena distribución de los verbos con matices, las acciones directas sin verbos de habla y el «dijo»; 2) encontrar la forma de que quede claro quién habla sin que sea necesario añadir: «dijo Fulano». Esto es relativamente fácil cuando la charla es de a dos: basta con aclarar quién comienza y quién responde en un principio, y de ahí hacer una especie de ping pong:



—Blabla —dijo PJ-1.

—¿Blablabla? —respondió PJ-2.

—Blablabla. (Se entiende que volvió a hablar el PJ-1).

PJ-2 hizo tal cosa.

—Blablabla... (Se entiende que habló el PJ-2).



Si la conversación es extensa, el autor debería volver a utilizar el «dijo» (o un verbo con matiz) cada cierto tiempo para recordarle al lector quiénes están hablando, y si son varios en escena, esto es esencial porque es mucho más fácil perderse. La buena definición de los personajes y el contexto pueden ayudar (porque de acuerdo a la situación o a cómo es la personalidad de cada uno, es imposible que PJ-1 acote eso y en ese tono, entonces debe haberlo hecho el PJ-3). 





IV.






Como fue mencionado anteriormente, los diálogos reproducen conversaciones entre los personajes, y a estas alturas debemos estar conscientes de la importancia de que éstos sean verosímiles, para que el lector pueda identificarse con ellos, sentir que son personas reales como él o ella y que lo que les ocurra le «llegue» de alguna manera. Es por eso que no podemos permitir que hablen como robots, que expliquen las cosas como una enciclopedia o que no haya diferencia entre sus voces y la del narrador.



Hay que observar cómo hablan las personas en la realidad, y encontrar un punto medio entre ello y la literatura. Porque tampoco es recomendable reproducir tal cual las conversaciones cotidianas: éstas necesitan una «pulida» que las «ordene» y les quite las imperfecciones que puedan dificultar la comprensión. Pero tampoco deben ser frases «perfectas» como en el resto de la narración, porque nadie habla perfectamente y el diálogo debe conservar la naturalidad, para lo cual también es útil evitar las palabras «literarias» y poco comunes (en la vida cotidiana, «triste» es más común que «mohíno», y aunque uno sea muy culto, no dirá la palabra «mohíno» sólo porque sí).



También hay que tener en cuenta cómo habla cada personaje de acuerdo a a su personalidad, a su nacionalidad y a su nivel socioeconómico y profesión (un médico italiano que vive en México hace dos años no hablará de la misma manera que un ladrón venezolano, y un personaje cerrado tardará más en tener una conversación profunda con otro. Lee esta entrada). 




V.




Los diálogos no constituyen el mejor espacio para brindar otra información que no sea: 1) lo que dicen los personajes; 2) las acciones que llevan a cabo mientras hablan; 3) si amerita, breves descripciones de sentimientos (o pensamientos).
 


Hay que evitar esto:



—Hagas lo que hagas —dijo PJ-1, a quien le pasaba tal y tal cosa porque tuvo una infancia difícil, y desde entonces este autor le tira una lluvia de información al lector y retrasa la finalización del discurso del PJ-1, quien para estas alturas también está cansado de esperar para poder, por fin, terminar de hablar—, no podrás conmigo.



—Piensa lo que quieras —contestó PJ-2, con una mirada que el autor terminará de describir una parrafada después; luego, nos contará todo lo que olvidó mencionar antes sobre PJ-2 y su relación con PJ-1, y finalmente PJ-1 responderá otra vez.




El ejemplo raya en lo hiperbólico, pero un buen diálogo, como una buena narración, ha de tener ritmo. El exceso de datos en los incisos lo aniquila. Provoca una distracción que ni siquiera es fructuosa, porque el lector estará apurado por terminar de leer el inciso para ver cómo continúa esa charla y prestará una atención mínima a esa información mal ubicada. Recuerden que los incisos funcionan de una forma similar a los paréntesis, y ya hemos visto que los paréntesis sirven para brindar información ADICIONAL, de manera que utilizarlos para encerrar información relevante puede producir que ésta se interprete como una información extra y de menor importancia. Con el guion de diálogo sucede lo mismo.





VI. 
 


Finalmente, recomendamos repasar el uso del guión de diálogo.








sábado, 14 de diciembre de 2013

Cómo manejar una crítica


     Cuando te dedicas al fanfiction todo empieza como un precioso y apasionado romance. Es por el gusto de hacerlo y nada más. En consecuencia, aspectos tales como ortografía, gramática y redacción son palabras que no conoces ni tomas en cuenta hasta mucho después —en mí caso fue así— cuando alguien más te lo hace notar.

     Después de un tiempo de escribir, tú misma vas tomando en cuenta ciertos detalles para mejorar tu escritura: el guión, las comas, la redacción, coherencia, orden, etc. Pero no es lo mismo darte cuenta de tus errores a que alguien más te los haga notar. 

     Particularmente, estoy acostumbrada a que mis lectores comenten cuánto les gusta una historia y lo ansiosas o ansiosos que están porque la continúe. Rara vez, si no es que nunca, he encontrado comentarios que juzguen la estructura general del texto, los fallos en el uso del guión o la manera inadecuada de usar los signos de puntuación. 

     Por lo anterior, el día que la primera crítica llegó evidenciando mis fallos, la depresión que me aquejó fue fuerte y duradera. Fue un golpe a mi ego, totalmente. Me enojé, me frustré y quise decirle un par de cosas a la persona que tan duramente había criticado mi escrito sin saber cuánto esfuerzo le había invertido. Pero no pude hacerlo, porque sencillamente tenía razón y, además, compartió información adecuada que me podía ayudar a solucionar esos fallos.

     Así, para tomar las críticas de manera adecuada, primero debemos ser conscientes que no somos perfectos y que todas las personas en cualquier ámbito cometen errores. Eso no debe frustrarnos ni molestarnos, pues todo en la vida requiere de un constante proceso de retroalimentación y aprendizaje para ir mejorando. Si bien el modo en el que la persona lo diga a veces puede no ser el adecuado, debemos enfocarnos en lo que puede ayudarnos a mejorar nuestra manera de escribir.

     Si, como yo, algún día quieres ser profesional debes empezar a manejar de manera positiva las críticas a tu trabajo, pues éstas siempre van a existir. A raíz de lo que me sucedió a mí, detallaré un par de sencillos pasos para extraer lo mejor de ellas:

1.- Respira profundamente y deja la emoción de lado por un momento.

2.- Escucha o léela con atención.

3.-Si la crítica es constructiva, después de evidenciar los «errores» o «defectos» en el escrito, puede haber una propuesta o posible solución para corregir o mejorar el aspecto destacado. Si desafortunadamente no lo es, tampoco te desanimes y te ofusques: hasta de ellas se puede aprender ¡Y no sabes cuánto!

4.- Desmenúzala a detalle y toma todos los aspectos que consideres importantes para mejorar tu manera de escribir.

5.-Agrúpalos por categorías e investígalos en cuanto tengas oportunidad.

6.-A raíz de lo anterior, puedes ir construyendo tu propio manual que, además, podrás consultar cuantas veces lo necesites hasta que simplemente deje de ser necesario. 

     Desde mi experiencia esto me ha resultado útil, no sólo en el ámbito de la escritura, sino también en el escolar y en el de las relaciones.

     Al principio me costó horrores asimilarlo y mucho más compartirlo, pero mi deseo de mejorar fue más grande y eso es lo que siempre debe impulsarnos para ser mejores y no estancarnos. 

     Reitero lo complicado que resulta, pero no es imposible y, cuando lo logras, en realidad los beneficios son mayores.


Sara  Tsuki




Entrada subida por


jueves, 17 de octubre de 2013

En busca del sentimiento



            Cada vez que leo un libro o una historia, me percato de que el autor o autora realmente sepa transmitir los sentimientos de los personajes dentro de la trama o el escenario en que construye su historia.  Siempre he pensado que una buena historia es aquella que tiene la capacidad de transmitirte y transportarte al lugar en cuestión, a tal punto que puedas involucrarte y vivir lo que viven los personajes.  El problema de hoy en día en muchos escritores es que han perdido o no han desarrollado esta parte importante dentro de su andar como escritores.  No sólo se trata de escribir «qué romántico» dentro de alguna línea, sino de poder describir tal sentimiento al punto de hacer reír, llorar, sufrir y hacer feliz al lector, Incluso sentir la ira que un evento puede producir en un personaje. Cuando un autor logra esto, ha logrado avanzar en un gran porcentaje de la historia.  Lograr que los lectores se identifiquen con su historia y los personajes sin condiciones ni restricciones, sin duda alguna…es un éxito.  El asunto es: ¿cuántas de las personas que escriben logran realmente este efecto en el lector?



            Uno de los errores más comunes que pueden encontrarse, tanto en escritoras novatas y no tan novatas e incluso expertas, es que las personas suelen escribir sólo como piensan en el momento, sin importar qué es lo que realmente están transmitiendo en sus historias.  El hecho de que a mí se me ocurra algo no significa necesariamente que sea funcional. No es lo mismo lo que se me ocurre a como lo haya escrito.  La mayoría de los escritores tienen una idea y, sin importar si es mala o buena, se aventuran a escribir —de forma abrupta y desordenada— lo que se les viene a la mente, sin realizar por lo menos una pequeña lectura de corrección sobre lo que han hecho. Creen que así como se les ocurrió es el Boom de la escritura, sin darse cuenta que realmente están haciendo un ¡BOOM!, pero por la forma en que están destruyendo la misma.



            Sin duda alguna, hemos podido ver muchas personas que en la vida real tartamudean al hablar, sus palabras se cortan y no salen más allá de su garganta, o mueren entre la lengua y la dentadura.  El gran problema en la escritura es que muchas personas también tartamudean, y esto ocurre porque mentalmente se está tartamudeando y terminan por mostrarlo dentro de su escritura.  De ahí que podamos encontrar muchos escritos con tan poca lógica con muchos —por así escribirlo— tropezones entre letras, palabras, frases, oraciones, líneas o párrafos.  Su inconsciente les traiciona y lo reflejan en lo que escriben o hablan.



            Esto es algo que ocurre constantemente, especialmente en aquellas personas que sólo se sientan a escribir sin detenerse un momento a pensar en lo que están escribiendo.  Su ansiedad se muestra al momento de sentarse frente a un ordenador o bien frente al papel y la pluma.  Muchas personas fallan al querer escribir sobre un sentimiento porque pasan por algo como esto, o porque simple y sencillamente son muy negligentes al momento de escribir, haciéndolo de forma muy rudimentaria e insensible; a tal punto que ni ellas o ellos comprenden el verdadero sentimiento de sus propios personajes o de los personajes de algún otro autor que utilizan para sus historias.



            Generalmente, cada vez que voy a escribir una historia, suelo hacerme algunas preguntas que me ayudan a hacerlo mejor. Muchas veces me pregunto qué es lo que deseo transmitir en la historia y si realmente lo estoy haciendo. Por eso, leo varias veces algunos pasajes que he escrito para saber si en verdad estoy logrando lo que quiero.  En ocasiones, puedo encontrarme con que no es lo que se suponía que debía transmitir, y cuando lo vuelvo a leer —más detenidamente— puedo darme cuenta si tiene lógica lo que estoy escribiendo o no.  Hacerme estas preguntas me hace comprender que muchas veces no era lo que tenía que transmitir, y me doy cuenta que, en ocasiones, sólo estoy escribiendo por escribir.  Las personas tendemos a cometer el error de «asumir» que todos comprenden lo que escribimos, y con ello nos limitamos al momento de plasmar un sentimiento. Uno no debería asumir ni dar por hecho algo sin antes asegurarse de que así sea. Por mucho que me guste lo que escribí, puedo darme cuenta si estoy siendo profunda o no, empiezas a notar si las palabras son las que pueden representar lo que llevas dentro.  Pero veamos un ejemplo en relación a este tema



            Si la temática que has escogido para escribir es de violación, no tiene lógica colocar aspectos como que el personaje, al día siguiente de ser violado, realice un strip tease (como lo leí en alguna ocasión), o lo hagan feliz con un helado que le regaló el violador, o porque le compró ropa o simplemente porque le dijo que lo amaba y que no había otra forma de tenerlo con él.  Esto es algo que se encuentra con mucha frecuencia en este tipo de temática. Una persona recién violada a veces ni siquiera puede moverse por el daño físico que recibe, mucho menos andará por ahí feliz de la vida si ha sufrido un golpe emocional a su dignidad como ser humano.  El hecho de que quieras describir a una persona llorando, no lo lograrás simplemente con haber escrito algo como «snif», que es lo que suelen colocar algunos escritores.  Debes de ser mucho más elocuente. En verdad haz que se note ese sentimiento, y el lector lo comprenda y lo sienta al momento de leerlo.  No es lo mismo que escribas «El chico lloraba snif snif, porque lo habían violado» a escribir algo como esto:



            «Dolor, maldito dolor que estrujas, hieres y destrozas el cuerpo y el alma de un inocente. Todo a tu paso es desgracia y, por donde pasas, dejas huellas indelebles de sufrimiento desollador. Se sentía tan solo, con la existencia perdida, parado al borde de la miseria en el abismo de la iniquidad. Arrastrado por la vergüenza, sólo deseaba arrancarse la vida y el alma misma. ¿Qué había hecho para merecer semejante atrocidad?  Su vida carecía de sentido y el vacío que le inundaba era la muestra clara del vacío existencial que experimentaba.»



            Debes tratar de mostrar el sentimiento que deseas transmitir. Un simple «snif» no dice nada, mucho menos colocar caretas como ésta: «TT_TT».



            Si la persona se toma el tiempo para hacer vivir al lector ese sentimiento como tal, entonces tendrá buena parte de éxito en su historia.  No es suficiente con escribir que el personaje «Está loco»…  Hay que demostrarlo en la escritura, porque un «muajajajaja» sólo se verá como otra copia de alguien que tampoco supo cómo plasmar esa locura en su historia.  Algo importante a tomar en cuenta es que si quieres transmitir un sentimiento jamás copies lo que han escrito otros, eso incluye el ejemplo que he escrito. Si quieres transmitir algo debe de ser desde tu propia experiencia, noción, conclusión y hasta tus propias expectativas ante ciertos hechos.



            Como un buen consejo…  Busca un horario y lugar donde puedas relajarte al momento de escribir, de tal forma que no tengas tantas interrupciones.  Haz un borrador de la idea inicial que tienes y trata de pensar en lo que deseas transmitir.  Si vas a escribir sobre la ira, piensa en cómo te sientes cuando estás enojada(o), y trata de describir lo mejor que puedas ese enfado que se acumula entre tu mente y la forma que se manifiesta gestual o corporalmente en ti o en algún conocido.   De igual forma con la alegría, la tristeza o cualquier otro sentimiento. Pregunta a alguna persona que conozcas si realmente estás transmitiendo el sentimiento.  Pero una carita dibujada, un «snif», un «wuaaaaa» no definirán realmente el sentimiento.  Por el contrario, el mismo decaerá inmediatamente en una historia carente de sentido.



            Algo que me ha ayudado mucho es tratar de imaginar lo que escribo, trato de ponerme en los zapatos del personaje y vivir lo que el personaje vive, si el personaje se enoja me pregunto ¿Cómo soy y me siento yo cuando me enojo? Igual ocurre si el personaje está triste o alegre, trato de verme a mí misma y escribo desde lo que yo misma siento.  Si logras hacer esto podrás lograr que los lectores también lo vivan y lo sientan.  No necesitas, bajo ningún motivo, escribir historias vacías como lo harían los demás sólo por copiar la forma en que otros lo han escrito, no necesitas parecerte a nadie a la hora de escribir.  Escribir a partir de tu propio sentir y plasmarlo en tu historia, hará una diferencia entre una trama con o sin sentido.  Ahora que sabes esto, no hay excusa para no tratar de escribir o plasmar los sentimientos de tus personajes dentro de tus historias.



            Si eres novata o novato, evita por todos los medios de escribir tu historia en el celular y subirlo inmediatamente en donde vayas a publicarlo. Ni siquiera es recomendable para alguien experto. Puedes confundirte y, al final, publicar algo que no te satisfaga a ti como escritor ni a los demás como lectores.  Ten en cuenta que el hecho de que recibas muchos reviews, no garantiza que tu historia sea la mejor. Muchas veces las personas comentarán y apoyarán fics que carecen de sentido en su trama.  Antes, concéntrate en lograr transmitir lo que realmente se deba plasmar en la historia. 



Claro que hacerlo no es fácil, nunca nadie dijo que lo fuera, pero con el tiempo me di cuenta que era difícil porque me costaba abrirme a escribir lo que yo realmente sentía hacia ciertas circunstancias. Así, me di la oportunidad de expresarme sin máscaras ni tapujos. Decidí tratar de hacer conciencia sobre lo que realmente sentía en relación a ciertos eventos y trataba de plasmarlo lo mejor que pudiera, tratando de encontrar la mejor lógica o vínculo entre la historia y el sentimiento.  Esto me dio la pauta para exigirme a mí misma hacerlo mejor y más aún a comprometerme a ir mejorando poco a poco. Permitirme a mí misma vivir la historia también me permitió que los lectores aprendieran a vivirla.



            Por último, les dejo una frase que a mi parecer describe parte de lo que debería ser un escritor:



            «El verdadero arte de escribir es aprender a plasmarse uno mismo, es trascender, es traspasar las barreras y limitantes de las letras para llegar a la mente y el corazón de alguien…que ni siquiera conoces.».



Sabaku no Cachi.
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